“Cargados de tigre”… ebrios de odio

Entiendo que la lucha por el poder vuelve a las personas como protagonistas de “Animal Planet”: unos depredadores “cargados de tigre” tratando de comerse a los otros. Pero la oposición no puede cometer el error de embestir todo cuanto aparece en el panorama y, especialmente, aquello que beneficia a millones de ciudadanos.

Nuestros contradictores han querido desvirtuar la demoledora moñona del presidente Santos de fin de año: la cifra más baja del costo de vida durante medio siglo, indicadores que ubican a Colombia como el mayor empleador de la región y, además, el acuerdo entre empresarios y trabajadores para establecer el salario mínimo, superando con creces la inflación de 2013.

Los anteriores logros deberían ser reconocidos como unas conquistas de la democracia colombiana. Con dichos resultados estamos reivindicando a los trabajadores como sujetos de derechos y hemos señalado el camino para mantener equilibrio entre una economía sana, no populista, y una política social propositiva.

Lo que aterra es que la oposición no reconozca ninguna virtud en estas materias. Es obvio que la izquierda contestataria, no la democrática, reaccione como siempre lo ha hecho. El “anti-todo” es y ha sido el común denominador en su historia. Nada les gusta, ni siquiera la noticia de un salario mínimo acordado y avalado por la mayoría de los dirigentes sindicales. Algunos de esos líderes de la izquierda contestataria saben que su umbral depende de criticar hasta las viviendas gratis de este Gobierno, sin importar que sus propuestas solo incluyen casas en el aire.

Pero aterra mucho más que la derecha reaccione con diatribas similares teniendo en su interior gente que sabe y conoce los avatares de la economía y lo que ello significa. Estoy seguro que hablar de Óscar Iván Zuluaga en pasado no puede ser una justificación para que me endilguen participación indebida en política. Tuve la fortuna de conocer su trabajo como responsable de las finanzas del Estado y tengo el mejor concepto de su seriedad, mesura y ponderación para evitar que los temas de la hacienda pública —y del erario— se convirtieran en una piñata de intereses. Por eso creo que su jefe de ayer —y de hoy— merece al menos un reproche: si bien puede darse por bien servido con el máximo y generoso ingreso que recibe como expresidente, no se compadeció con el mínimo (o los mínimos) que dejó a su paso entre 2002 y 2010.

El exmandatario, incapaz de darse una tregua navideña y regalarle al país un descanso de sus ráfagas de trinos —en ninguno de sus tuits dijo “feliz año”—, ha querido confundir a sus propios militantes, diciéndoles que una cosa eran los resultados del Gobierno cuando él estaba a cargo y que otra cosa distinta son los logros de hoy cuando debe resignarse a verlos desde su feroz oposición.

Ahora que pesan nuevas y más drásticas sanciones contra los conductores borrachos, es un buen momento para que los críticos “ubérrimos” reflexionen sobre cómo manejan la política: ebrios de odio, pasando por encima de la confianza de los ciudadanos, como si estuvieran en una taberna en la que es normal lanzar sillas, mesas y botellas. Yo aprendí la lección cuando, por estar beodo, no supe conducir mi propia lengua. Ojalá esa experiencia les sirva para no seguir manejando a la oposición por un camino de infracciones y atropellos.

@garzonlucho

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