De la “ubérrimo-diplomacia” a la diplomacia

Barack Obama recibe este martes a Juan Manuel Santos por lo alto (en “visita oficial”, apenas un grado por debajo de la “visita de Estado”, que es la de máximos honores), dándole a esta reunión una trascendencia e importancia que nunca le fue conferida en Washington al expresidente Uribe durante sus ocho años de gobierno, a pesar de haberse reunido en 12 ocasiones con su “amigo” George Bush.

Y si bien Obama recibió a Uribe hace cuatro años (en somera “visita de trabajo”), la noticia que produjo dicho encuentro se redujo a un penoso jalón de orejas por parte del presidente de Estados Unidos: “Obama le dice a Uribe que dos periodos son suficientes”. Hoy, estamos lejos de que una reunión tan importante para el país se quede en algo tan superficial y anecdótico.

Muchas cosas han cambiado. Antes se promovían las llamadas guerras preventivas en donde no se preguntaba sino que se invadía. Pasamos de la agenda monotemática del terrorismo a una más amplia, que abarca iniciativas de cooperación, que propone reflexiones tan complejas como la de replantear la lucha contra el narcotráfico, y —más importante que lo anterior— que incluye la paz.

La reunión del presidente Santos con Obama es una de muchas evidencias que marcan el antes y el después de las relaciones internacionales de Colombia. Basta mirar el reciente encuentro entre Rafael Correa y Juan Manuel Santos: una reunión propositiva y amable, distinta a los “correazos” que solían verse de cada lado. ¿O qué tal el grado de inmadurez al que llegó la relación entre los entonces gobernantes de Colombia y Venezuela? Pues dejamos atrás el lenguaje soez y agresivo, y pasamos al respeto mutuo y, sobre todo, a evitar la más mínima injerencia en asuntos internos entre países.

En el pasado quedaron los vergonzosos “realities” entre gobernantes, donde amenazaban hasta con echarse el plato de comida en la cabeza y luego se daban abrazos hipócritas que se desenmascaraban tan pronto salían a la rueda de prensa. O si no, recuerden la Cumbre de Río de 2008 (encuentro titulado por la BBC como “¿Diplomacia caribeña?”), cuando el hoy expresidente le dijo lo siguiente al presidente de Nicaragua (¡en la cara!): “Esté tranquilo… Estamos esperando lo que defina la Corte de La Haya y lo respetamos totalmente. Se lo digo delante de todos…”. Años después, Uribe fue el primero en exigir que Colombia rompiera con su tradición de acatamiento a las leyes y desconociera el fallo así como así.

Santos, en cambio, ha hecho de las relaciones internacionales un extraordinario ejercicio de prudencia, de respeto a las reglas de juego y de clara demostración de dignidad ante las pretensiones del otrora gobierno sandinista. Más allá de mirar con el retrovisor —pues la responsabilidad de este Gobierno sobre el pleito con Nicaragua es mínima— el equipo de Santos ha planteado fórmulas jurídicas y políticas en defensa de nuestra soberanía, sin hacer eco de aquellas acciones grotescas y populistas que —a nombre de un falso nacionalismo— buscan esconder a los verdaderos responsables del problema.

Este Gobierno ha recuperado el respeto del mundo hacia Colombia. Un inmejorable ejemplo de ello es que en vez de imponernos nuevos visados (ese trámite tan odioso como engorroso, y a veces hasta insultante para los ciudadanos), estamos en proceso de que los eliminen (como pasa ahora con la Unión Europea).

Hoy debemos sentirnos plenos con la invitación y el reconocimiento de Estados Unidos a lo que se viene haciendo en materia de paz —porque eso es lo que hará el presidente Obama en la reunión de este martes: apoyar la paz en Colombia—. En esta tarea Santos ha sido convocante para que la comunidad internacional respalde el proceso, sin dañar la relación con los vecinos. Porque esa es otra cosa que se les olvida a algunos: la extendida crisis diplomática del pasado gobierno tuvo su génesis cuando al expresidente le dio por pedirle a Hugo Chávez que fuera mediador entre el Gobierno y las Farc. Por ahí empezaron a pasar del “¡mafioso!” (como le decía uno) al “¡sea varón!” (como le respondía el otro). Hoy, la historia es otra.

@garzonlucho

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