Uribe, ¿y su corazón grande?

Su odio, doctor Uribe, contra el presidente Santos no puede llevarlo a falsear realidades, ni a menospreciar logros, ni a confundir objetivos, ni a utilizar verdades a medias.

¿Su sucesor se convierte automáticamente en traidor por no ser un clon suyo? ¿Acaso buscar la paz no es una obligación constitucional? ¿Los sueños de Bolívar que usted vive reivindicando no corresponden a mantener buenas relaciones con los países vecinos —relaciones que, a propósito, quedaron tan maltrechas en su gobierno—? ¿Rehacer el país vial después de un invierno que mostró la fragilidad de las carreteras, sin tener en cuenta el retrovisor de su gestión, no habla bien del Gobierno de la Prosperidad? ¿No cree que el avance en conectividad tecnológica de estos tres años le hace un aporte a su campaña como aspirante a congresista, pues permite que las ráfagas de Twitter que usted produce le lleguen a mucha más gente? ¿Tratar de corregir los engendros de la Ley 100 —que usted parió, sin echarle la culpa a su papel de parlamentario gestor— no habla bien de la lealtad santista con su señoría? ¿Lograr que la gente encuentre empleo bien remunerado, y no simplemente “trabajito y platica” como usted suele decir, no es un hecho de cohesión social? ¿Confrontar la ilegalidad sin chuzadas y sin “falsos positivos” no hacen que la seguridad ahora sí sea democrática? Que ahora en las marchas indígenas no se utilice el lenguaje homofóbico del pasado, ¿no habla bien del que usted ayudó a elegir?

Doctor Uribe: muchos lo acompañamos como ciudadanos y gobernantes locales en su decisión de confrontar a la guerrilla después del fracasado proceso del Caguán. A su entonces Ministro de Defensa no le tembló la mano para poner en jaque a la guerrilla y conseguir los logros más importantes que se recuerden en la lucha contrainsurgente. Hoy, como un admirable guerrero, tampoco le tiembla la mano digna para construir acuerdos que comprometan al país en una agenda de ruralidad, ni duda en seguir confrontando militarmente a quienes se niegan a hacer política desarmados. El hecho de buscar una paz negociada, que lleve a la dejación de las armas y permita liberar recursos del presupuesto para educación y salud, no le hace mal a nadie y menos a usted, doctor Uribe. Esos dos rubros —educación y salud— son huevitos apestosos y pichos que heredó Santos.

Empiece por no especular sobre qué pasa en La Habana. ¡Conozca el proceso! El que usted coincida con las Farc en una constituyente y en un congreso unicameral no lo hacen ni sospechoso ni débil frente a los demás. De otra parte, el que se una a la paz y a la reconciliación sí le permitiría que su corazón grande —tan en deuda con Colombia— albergue mensajes de amor y no de odio.

Desconocer el activo que es usted para los colombian@s es una estupidez. Por eso, uno de los más grandes logros que alcanzaríamos los obsesivos con la reconciliación es que usted reconozca alguna virtud en su sucesor, que se dé un abrazo con Iván Cepeda, que muestre los pasivos que se dan en La Habana pero que reivindique los activos y, sobretodo, que ordene a su clon hacer una campaña propositiva y no simplemente de denuncia para que no terminen pareciéndose a la izquierda que tanto critican.

Eso sí, haya sido del pasado o del presente la amenaza contra su vida, nada le quita importancia a semejante barbaridad. No solamente porque al atentado personal hay que condenarlo venga de donde venga, sino por que estoy seguro de que usted va a ser un baluarte para la paz de los colombianos.

@garzonlucho

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