¿Noche de paz?

¡Que agarrón! Eso de Lafaurie me gustó. Dijo su verdad así no haya hecho presencia física en el debate de tierras. Como también me gustó que las FARC consideraran el foro agrario como un verdadero éxito . Eso es lo que necesita el proceso de paz, que cada uno diga sus verdades, así escondan sus propias mentiras. Que los ganaderos han sido víctimas de extorsión, secuestro y asesinatos es una verdad absoluta. Pero que ellos, so pretexto de esa situación facilitaron, permitieron y promovieron grupos de justicia privada es una verdad que algún día también tienen que reconocer, así como la guerrilla tiene que admitir que su irracionalidad, accionar bárbaro  y sus desmanes terminaron por engendrar monstruos que, sin que uno quiera justificarlos, de alguna manera facilitaron que la opinión ciudadana terminara legitimando aquellas acciones de justicia privada. Ninguno puede hacer parte de los santos inocentes, pero lo importante es que los ganaderos y guerrilleros esta semana reafirmaron su disposición a contribuir con el objetivo del fin del conflicto.

No es bueno que quienes se ufanan de hablar de paz, utilicen un lenguaje belicista contra quienes tienen contradicciones en este proceso. Estas contradicciones son naturales, pues de no darse, entonces ¿para qué dialogo e interés en buscar el entendimiento?. Claro que esas cartas ganaderas, la locuacidad viperina guerrillera y el disparo de trinos indiscriminado, es preferible a la utilización de pólvora para acabar el uno con el otro y los que llevan del bulto son personas, como los de María la Baja o Mampuján que fueron masacrados y despojados de sus tierras hace doce años.

Por eso lo ocurrido allí en el sur de Bolívar el pasado 19 de diciembre, fue realmente histórico: el primer proceso de restitución por vía judicial en tierras donde alias “Juancho Duque” , “Cadena” o “Diego Vecino”  destruyeron la vida de  campesinos de esa región. Muchos de los sobrevivientes ahora regresaron con sus títulos, con proyectos integrales productivos, con casas gratis y con una oferta de servicios públicos que les permitirá no sólo recuperar territorio sino también memoria, ilusión y esperanza.

 

El presidente no fue a prometer, cumplió. Quienes lo acompañamos tuvimos la inmensa fortuna de ver que la concreción de esta política, vilipendiada por la guerrilla o terratenientes no se improvisó, como si los desplazados fueran un vulgar basurero, ni tampoco terminó siendo una promesa más. Allí los jueces ni están ni estuvieron en paro. Agilizaron los trámites e hicieron justicia  responsable y pronta. Santos les dio a los inocentes lo que se merecían, su derecho. No lo hizo como un favor, lo hizo como el cumplimiento de su deber.

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