La silla

Seguí calentando silla; ahora sí satisfecho con relación a un diálogo social efectivo que sólo el presidente Juan Manuel Santos puede liderar. Ahora la caliento –la silla- con gusto. Cinco horas en Providencia, donde el primer mandatario asumió de manera directa la recuperación de la autoestima de los isleños, y cuarenta y ocho horas en Puerto Asís, el pasado fin de semana, dándole todo el combustible a la frontera sur, poniendo el precio de la gasolina equivalente al que se da en los límites con Venezuela.  A los sanandresanos se les apareció la Divina Providencia. Empresas de pescadores y astilleros con subsidios por seis meses de un millón ochocientos mil pesos, lanchas modernas, localizadores de pesca, seguridad, profesores de trilingüismo, setecientas becas para educación superior, remodelación de centros escolares, terminación de circunvalares, plan de vivienda rural, cinco mil tabletas para jóvenes, apoyo a canal de televisión regional y acueducto ciento por ciento, entre otros hechos que promovió el doctor Juan Manuel.

En el Putumayo no sucedió menos. El único sitio en donde perdió el Presidente con los verdes, nos dio una lección de lo que es gobernar sin resentimientos. No sólo trajo el buen mensaje de la gasolina sino que también las 24 horas permanentes de luz para Puerto Leguízamo, cinco mil millones de pesos para la construcción y mejoramiento de la infraestructura educativa, convenios por cuatro mil millones de pesos para los municipios de Mocoa, Orito, Puerto Leguízamo, San Miguel y Valle del Guamuez, mostraron a un gobernante que tiene claro que la paz no se da solamente en un espacio de diálogo con la guerrilla sino con el trabajo permanente de un Estado que no se paraliza.

Calentar silla, así, da gusto. Resolviéndole problemas a la gente y, sobretodo, oyéndola. Las intervenciones de Carmen y Ruby en el Putumayo, líderes del movimiento de víctimas, muestran que reconocen lo que se viene haciendo pero con su autonomía hacen los requerimientos y cuestionamientos para que el tema de restitución sea una realidad.

Ahora que hay un ambiente para el populismo y la demagogia patriotera, es que hay que reconocer que después de muchos años este Gobierno es el que ha hecho sentir que San Andrés es Colombia y que el Putumayo no tenía de Gobernador a David Murcia. 

Hay exgobernantes que creen que su papel es el de insultar todos los días al vecindario. Con esa política sólo es posible pasar a la historia como un querellante de inspección de policía. Si uno en sus discursos reivindica a Bolívar debe reconocerlo como un aglutinante regional, no como un disolvente. Y si le hace culto al hombre de las leyes, Santander, tiene que confrontar su aplicación pero utilizando la propia ley, no evadiéndola. Por ahora creo que valió la pena revirar por la silla caliente y evitar que quedara vacía. 

Durante estos tres meses he estado ocupado pero no trabajando. Ocupado asesorando y acompañando a los Ministros de Defensa, Agricultura, Justicia, Educación, Interior, Comisionado de Paz, Secretario General y al propio Presidente pero eso no es trabajo. Trabajar es creatividad y un valor agregado en el saber. Mi lema es trabajar, pensar y descansar, pues de no ser así termino irascible no sólo con el vecindario sino con los de mi casa. Por eso, Putumayo y Providencia significan un diálogo social que emula el trabajo y que para nada estimula la pereza ni la rabia.

 

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